“SE HIZO CARNE Y ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS”

 

 

El tiempo de Navidad, además de ser un tiempo familiar y dulce, es un tiempo que nos puede dejar asombrados al descubrir la intimidad de nuestro Dios.

En estos días se nos muestra el misterio de Dios, cómo es. Dios se hace uno de los nuestros y pone su morada donde nosotros. Dios, cuyo lugar propio es la grandeza y lo poderoso, prefiere hacerse pequeño, sencillo y pobre para que nosotros que somos pequeños seamos grandes. Dios cambia su grandeza por nuestra pequeñez.

Nosotros éramos incapaces de llegar hasta Él y Él ha bajado y se ha hecho uno de los nuestros.

Busquemos otros dioses que, no sólo se hagan como su criatura, sino que se conviertan en dependientes de ella, como un niño en brazos de su madre.

El gran Dios, nuestro Dios, en brazos de la pequeña, débil y herida humanidad. Este misterio es el que adoramos en estos días. Este misterio es el que nos asegura que nuestro Dios es único y que cada uno de nosotros somos únicos para Él.

¡Feliz Navidad, hermanos! Que estos días sean días de hacernos pequeños para llegar a todos.

Un fuerte abrazo. Óscar Benavent.

 

 

 

 

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